lunes, 20 de marzo de 2017
sábado, 18 de marzo de 2017
jueves, 2 de marzo de 2017
viernes, 17 de febrero de 2017
Se fue demasiado pronto... o simplemente era su tiempo de partir...
cuando miro al cielo me gusta pensar que mira por nosotros... a diario
lo recuerdo... mañana, tarde o noche... miro las estrellas y me acuerdo
de un día cualquiera, un lugar, una canción, un aroma... que me hace
creer que no ha partido del todo... y que nos mira desde su cielo
lunes, 2 de enero de 2017
EL PAVO REAL DEL 2017
FELIZ AÑO 2017 - ANTIGUA BENDICIÓN CELTA.
Que los pies te lleven por el camino hacia el encuentro de quien eres, porque la felicidad, es eso, descubrirte detrás de ti, sabiendo que el verdadero disfrute está en transitar ese camino.
Que los ojos reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene, aunque se detenga, seguirá siendo un colibrí, y es importante que lo sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni el cielo con la voz que lo nombra.
Que los pies te lleven por el camino hacia el encuentro de quien eres, porque la felicidad, es eso, descubrirte detrás de ti, sabiendo que el verdadero disfrute está en transitar ese camino.
Que los ojos reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene, aunque se detenga, seguirá siendo un colibrí, y es importante que lo sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni el cielo con la voz que lo nombra.
Que las manos se
tiendan generosas en el dar y agradecidas en el recibir, y que su gesto
más frecuente sea la caricia para reconfortar a los que te rodean.
Que el oído sea tan fiel a la hora de escuchar el pedido, como a la hora de escuchar el halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia y sepas escucharte y escuchar.
Que las rodillas te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el tiempo del descanso.
Que la espalda sea tu mejor soporte y no lleves en ella la carga más pesada.
Que la boca refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una ventana del alma.
Que los dientes sirvan para aprovechar mejor el alimento, y no para conseguir la tajada más grande en desmedro de los otros.
Que la lengua exprese de modo tal las palabras que puedas ser fiel a tu corazón en ellas, conservando el respeto y la dulzura.
Que la piel te sirva de puente y no de valla.
Que el pelo le de abrigo a tus ideas, que siempre adornan más que un buen peinado.
Que los brazos sean la cuna de los abrazos y no camisa de fuerza para nadie.
Que el corazón toque su música con amor, para que tu vida sea un paso del universo hacia adelante.
Que el oído sea tan fiel a la hora de escuchar el pedido, como a la hora de escuchar el halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia y sepas escucharte y escuchar.
Que las rodillas te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el tiempo del descanso.
Que la espalda sea tu mejor soporte y no lleves en ella la carga más pesada.
Que la boca refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una ventana del alma.
Que los dientes sirvan para aprovechar mejor el alimento, y no para conseguir la tajada más grande en desmedro de los otros.
Que la lengua exprese de modo tal las palabras que puedas ser fiel a tu corazón en ellas, conservando el respeto y la dulzura.
Que la piel te sirva de puente y no de valla.
Que el pelo le de abrigo a tus ideas, que siempre adornan más que un buen peinado.
Que los brazos sean la cuna de los abrazos y no camisa de fuerza para nadie.
Que el corazón toque su música con amor, para que tu vida sea un paso del universo hacia adelante.
sábado, 17 de diciembre de 2016
Tierra le dieron una tarde horrible
del mes de julio, bajo el sol de fuego.
A un paso de la abierta sepultura,
había rosas de podridos pétalos,
entre geranios de áspera fragancia
y roja flor. El cielo
puro y azul. Corría
un aire fuerte y seco.
De los gruesos cordeles suspendido,
pesadamente, descender hicieron
el ataúd al fondo de la fosa
los dos sepultureros...
Y al reposar sonó con recio golpe,
solemne, en el silencio.
Un golpe de ataúd en tierra es algo
perfectamente serio.
Sobre la negra caja se rompían
los pesados terrones polvorientos...
El aire se llevaba
de la honda fosa el blanquecino aliento.
?Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa,
larga paz a tus huesos...
Definitivamente,
duerme un sueño tranquilo y verdadero
Antonio Machado
del mes de julio, bajo el sol de fuego.
A un paso de la abierta sepultura,
había rosas de podridos pétalos,
entre geranios de áspera fragancia
y roja flor. El cielo
puro y azul. Corría
un aire fuerte y seco.
De los gruesos cordeles suspendido,
pesadamente, descender hicieron
el ataúd al fondo de la fosa
los dos sepultureros...
Y al reposar sonó con recio golpe,
solemne, en el silencio.
Un golpe de ataúd en tierra es algo
perfectamente serio.
Sobre la negra caja se rompían
los pesados terrones polvorientos...
El aire se llevaba
de la honda fosa el blanquecino aliento.
?Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa,
larga paz a tus huesos...
Definitivamente,
duerme un sueño tranquilo y verdadero
Antonio Machado
sábado, 19 de noviembre de 2016
Palabras...
José Saramago (1922-2010)
“Las palabras son buenas. Las
palabras son malas. Las palabras ofenden. Las palabras piden disculpas.
Las palabras queman. Las palabras acarician. Las palabras son dadas,
cambiadas, ofrecidas, vendidas e inventadas. Las palabras están
ausentes. Algunas palabras nos absorben, no nos dejan: son como
garrapatas, vienen en los libros, los periódicos, en los mensajes
publicitarios, en los rótulos de las películas, en las cartas y en los
carteles. Las palabras aconsejan, sugieren, insinúan, conminan,,
imponen,segregan, eliminan. Son melifluas o ácidas. El mundo gira sobre
palabras lubrificadas con aceite de paciencia. Los cerebros están llenos
de palabras que viven en paz y en armonía con sus contrarias y
enemigas. Por eso la gente hace lo contrario de lo que piensa creyendo
pensar lo que hace.
Hay muchas palabras.
Y están los
discursos, que son palabras apoyadas unas en otras, en equilibrio
inestable gracias a una sintaxis precaria hasta el broche final:
“Gracias. He dicho”. Con discursos se conmemora, se inaugura, se abren y
cierran sesiones, se lanzan cortinas de humo o se disponen colgaduras
de terciopelo. Son brindis, oraciones, conferencias y coloquios. Por
medio de los discursos se transmiten loores, agradecimientos, programas y
fantasías. Y luego las palabras de los discursos aparecen puestas en
papeles, pintadas en tinta de imprenta —y por esa vía entran en la
inmortalidad del Verbo. Al lado de Sócrates, el presidente de la junta
domina el discurso que abrió el grifo fontanero. Y fluyen las palabras,
tan fluidas como el “precioso líquido”. Fluyen interminablemente,
inundan el suelo, llegan hasta las rodillas, a la cintura, a los
hombros, al cuello. Es el diluvio universal, un coro desarmado que brota
de millares de bocas. La tierra sigue su camino envuelta en un clamor
de locos, a gritos, a aullidos, envuelta también en un murmullo manso
represado y conciliador. De todo hay en el orfeón: tenores y tenorinos,
bajos cantantes, sopranos de do de pecho fácil, barítonos acolchados,
contraltos de voz-sorpresa. En los intervalos se oye el punto. Y todo
esto aturde a las estrellas y perturba las comunicaciones, como las
tempestades solares.
Porque las palabras han dejado de comunicar.
Cada palabra es dicha para que no se oiga otra. La palabra, hasta
cuando no afirma, se afirma: la palabra es la hierba fresca y verde que
cubre los dientes del pantano. La palabra no muestra. La palabra
disfraza.
De ahí que resulte urgente mondar las palabras para que
la siembra se convierta en cosecha. De ahí que las palabras sean
instrumento de muerte o de salvación. De ahí que la palabra sólo valga
lo que vale el silencio del acto.
Hay, también, el silencio. El
silencio es, por definición, lo que no se oye. El silencio escucha,
examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundo. El silencio es
la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la
luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras
buenas y las malas. El trigo y la cizaña. Pero sólo el trigo da pan..."
Saramago, José - De este mundo y del otro, Ed.Ronsel, 208 pag., 1997
domingo, 11 de septiembre de 2016
miércoles, 31 de agosto de 2016
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